La puerta se abrió y de repente, una acogedora y festiva neblina de humo llenó el aire. Al entrar, la animación en el interior contrastaba fuertemente con el silencio exterior, proporcionando a Alejandro una intensa impresión sensorial. Lo observó boquiabierto, su corazón latiendo con más fuerza.
La sala de estar estaba llena de alegría y un ambiente cálido. Inés y la no vista en mucho tiempo Celeste, junto con Teófilo, estaban sentados en el sofá, charlando animadamente y ensartando las verdura