—¿La señora se enamoró de usted a primera vista?
César abrió los ojos con gran sorpresa, lleno de curiosidad.
Alejandro, con el ceño fruncido, se sirvió vino a sí mismo. A pesar de ser un vino fragante y dulce, al beberlo, solo le quedaba un sabor amargo en su boca.
—Lamentablemente, la vida no nos da una segunda oportunidad. No puedo ser la persona que amó a Clara primero. Eso en realidad será mi lamentación de por vida.
Y también otra lamentación, la más grande: le hizo perder a Clara lo que m