—¿Acaso debo esperar a que un perro me muerda? —Clara la miró fríamente y aplaudió.
—¿Un perro... te atreves a insultarme llamándome perro? —Leona se enfureció, su rostro se puso rojo.
En ese momento, la puerta de la boutique se abrió.
Clara levantó las largas pestañas y sintió una ráfaga de frío, una atmósfera glacial que la atravesó hasta los huesos.
Al siguiente segundo, la imponente figura de Alejandro, elegante y distinguido, apareció ante todos.
Los ojos de la ex pareja se encontraron, amb