En ese momento, sonó un golpeteo en la puerta, y la voz coqueta de Leona resonó al instante: —Papá, ¿estás ahí?
—Entra.
La puerta se abrió, y Leona entró sonriendo, llevando una bandeja.
—Papá, lo que hice hoy fue un grave error, te causé problemas. He preparado especialmente tus frutas favoritas y algunos dulces para disculparme contigo. ¿Puedes dejar de estar enojado conmigo, por favor?
Leona colocó las frutas con delicadeza en la mesa y se acercó, intentando abrazar el cuello de Enrique como