Villa Mar.
En este momento, toda la familia Hernández, desde arriba hasta abajo, y todos los sirvientes a través de la televisión y el teléfono, conocieron los detalles del caso del asistente. Todos estaban en estado de shock, con conversaciones bastante animadas.
—¡¿El asistente?! ¿El asistente de la señora?
—¡Claro! ¡Él mismo! La primera vez que vi a ese hombre, me sentí incómodo, parecía malvado. ¡Y resulta que era un gran villano!
—¡Dios mío, la pobre Aurora! ¡Qué buena chica, y así tan crue