—Antonia, ¿por qué has venido?
Daniela se levantó de la cama, pero aún sintiéndose incómoda por la mañana, se sentó en el borde de la cama, sin atrever a levantarse realmente.
Antonia se detuvo al instante frente a ella.
Con un abrigo rosa claro y unos tacones blancos, parecía ser muy elegante y distinguida.
Echó un ligero vistazo despreocupado a Daniela y al ver que podía levantarse, dijo: —Bueno, ya que puedes levantarte, sal del hospital y regresa a casa.
Daniela se sorprendió demasiado: —¿An