El tiempo avanzó lentamente hasta las diez de la noche, y los pasillos del hospital se fueron quedando cada vez más tranquilos.
Daniela levantó la vista de su computadora y le dijo a la enfermera: —Enfermera, ¿puedes traerme una jarra de agua y luego ir a descansar?
Ella sabía muy bien que Sebastián no iba a volver.
La enfermera obedeció y se fue.
Daniela miró hacia abajo los bocetos que había terminado y, después de pensarlo por un momento, los envió a Guillermo: —He terminado el primer borrado