Finalmente, llegaron al punto crucial.
Fernanda sonrió: —Díganme, ¿cuánto quieren?
Dos millones de dólares y una villa no eran suficientes, las demandas de la familia Flores no eran tan modestas.
Al ver la expresión de Fernanda, que claramente se le entendían una a una sus intenciones, el rostro de Diego se oscureció cada vez más.
—Somos familia, señora. No hay necesidad de ser tan dura.
—No he venido aquí para pedirle dinero a la familia Romero, sino para preguntarle algo.
Martina, molesta, le