Sofía no sabía con claridad de dónde había sacado el medicamento, pero era extremadamente potente.
Apenas había tomado un pequeño sorbo y la reacción fue casi que inmediata.
Cuando Daniela, apoyada en Sebastián, salió de la familia Gómez, ya estaba bastante desorientada, dejándose llevar por la fuerza de Sebastián.
Su mente no podía pensar en nada más, estaba en blanco, pero seguía mordiéndose los labios para no ceder.
Lo que más le preocupaba era precisamente el bebé que llevaba en su vientre.