El cuerpo de Daniela se tensó un poco.
Sebastián la tranquilizó con una suave palmada: —No te preocupes, debe ser un corte de luz.
Daniela no estaba asustada, solo había sido una reacción instintiva.
Por suerte, ambos ya se habían movido hacia un lado. Sebastián, recordando precisamente el lugar, la guió con cuidado hacia una columna para apoyarse.
La voz de Lucas se oyó en la oscuridad: —Se ha ido la luz. Por favor, no se alarmen. Pronto se activará la fuente de energía de emergencia.
Tiempo de