La policía había visto muchas personas problemáticas, pero muy pocas con la audacia de Adela.
Emilia, al ver su actitud tan despectiva, no pudo evitar hablar en tono muy frío: —¡Esa casa la renté yo! Si alguien debe irse, son ustedes. ¡Ni siquiera les he cobrado arriendo por quedarse estos días!
Esto sorprendió muchísimo a Adela.
Miró a Gabriel con incredulidad: —¿No dijiste que esa era tu casa?
Gabriel, algo molesto, trató de mantener un poco la compostura: —¡Te equivocaste! Lo que dije fue