21.
Antonio bajó lentamente la pantalla de su portátil y alzó la vista hacia Daniela, que permanecía de pie frente a él con una elegancia natural.
—Está bien —respondió con brevedad. Su voz era grave, serena y no mostraba el menor asomo de sorpresa.
Daniela frunció el ceño.
—¿Eso es todo?
—¿Y qué esperabas? —replicó Antonio con indiferencia. Se recostó en el sofá y la miró fijamente—. ¿Un grito de emoción? ¿O una fiesta para celebrarlo?
—Al menos podrías fingir que te sorprende —murmuró Daniela con