13.
Media hora después, estaba de pie frente al espejo. La camisa blanca y los pantalones negros que llevaba puestos lucían impecables, sin una sola arruga.
Aplicó una fina capa de lápiz labial para disimular la palidez de su rostro y las ojeras provocadas por la falta de sueño.
A simple vista, el reflejo mostraba a la Daniela de siempre. Solo ella sabía lo agotada que estaba en realidad.
Volvió a acomodarse los puños de la camisa una última vez antes de salir de la habitación.
Luego recorrió el pa