—¿No se supone que eres el esposo perfecto, Joaquín? ¿Cómo es que prefieres quedarte aquí hablando con nosotros en vez de acompañar a tu esposa al chequeo?
—Ni siquiera es hijo mío. ¿Para qué iba a acompañarla?
—¿Cómo iba a ser tuyo si nunca te has acostado con ella?
La grabación de toda la conversación de aquel día resonó con absoluta claridad por los altavoces del salón.
Los invitados estaban conmocionados, pero no podían disimular su morbosa curiosidad. ¡Aquella noche no dejaba de ofrecer esc