Discutieron durante tres días enteros dónde debían enterrarme. Los Salazar querían llevarme al panteón familiar. Gabriel quería que descansara con los Montenegro. Alejandro ordenó que me construyeran un mausoleo aparte.
Seguían decidiendo por mí, como siempre, hasta que Inés sacó una hoja vieja.
Era una receta de cuando había estado gravemente enferma. En el reverso había unas líneas que yo había escrito sin pensarlo demasiado.
"Si algún día puedo irme de la capital, quiero encontrar un lugar de