Ayer, después de salir del trabajo y llegar a casa, estaba tan cansada que apenas podía moverme. Cerré los ojos con la esperanza de poder dormir profundamente.
Pero últimamente, dormir se ha vuelto un lujo para mí. Antes de que pudiera dormirme, Gala entró en mi habitación y me sacudió con fuerza.
—¡Jazmín, levántate de una vez! Hoy te he conseguido una cita a ciegas. Si no te apuras, llegarás tarde. No puedes hacer esperar a la gente tanto tiempo.
Gala me sacudía con insistencia y me urgía a le