—Señor Armando, le pido que no se entrometa en los asuntos entre Jazmín y yo—dijo Manuel, dirigiendo su mirada hacia Armando. Su voz tenía un tono frío que nunca antes le había escuchado. Era la primera vez que veía a Manuel enojado.
—No eres tú quien decide si me entrometo o no. Tampoco eres tú quien decide con quién quiere estar Jazmín—respondió Armando con una sonrisa fría, mirando a Manuel con la misma frialdad.
Los dos hombres se enfrentaban, y en este duelo de voluntades, Manuel fue el pri