Finalmente, no dije nada. Los dos regresamos en silencio a la casa de Gala.
Tan pronto como abrimos la puerta, Gala se acercó. Al vernos llegar juntos a Manuel y a mí, sonrió, pero su sonrisa se congeló al ver la ropa que yo llevaba puesta.
Esta camisa era la que Armando había usado ayer. Gala seguramente la recordaba, después de todo, Armando era el tipo de hombre que atraía todas las miradas.
—Jazmín, has vuelto—dijo Gala tomándome de la mano, su expresión volviéndose un poco incómoda.
—Sí, ya