—Quédate esta noche, mañana te llevaré de vuelta—declaró frunciendo el ceño con visible descontento tras escuchar mi intención de marcharme. Se puso de pie y me habló con su habitual frialdad.
—No...no es necesario, prefiero irme. Estoy un poco preocupada por Gala y quiero asegurarme de que esté bien—respondí dubitativa.
Armando siempre ha sido un hombre frío y desapegado. Después de haberme causado tantas dificultades en la empresa estos últimos días, su repentina amabilidad despertaba mis sosp