—Gala, ¡cálmate por favor! ¡Ese miserable de Damián no merece tu amor!— Ver a Gala llorar sin parar, sabiendo que todo era culpa de Damián, me hacía desear poder cortarlo en pedazos.
Cuando Gala escuchó mis palabras, comenzó a llorar aún más fuerte. No pude hacer otra cosa más que abrazarla con fuerza. En ese momento, cualquier cosa que dijera para consolarla sería inútil. Ella tenía que encontrar la manera de superar este dolor por sí misma.
Pasé la noche entera abrazando a Gala. Ella lloró cas