En ese momento, se escucharon sirenas de policía afuera.
Mariana sonrió. Estaba allí parada, rodeada por las luces de neón en la noche. Solo cuando Mateo se llevó a Viviana y dijo que dejaría que la policía se encargara de ella, hubo un destello fugaz de tristeza en sus ojos.
Pero ahora que iba a la comisaría, no mostró ni un ápice de temor.
Al contrario, estaba tranquila y serena, mirando con calma a la mujer llamada Lily frente a ella.
—Qué valiente, atreverte a llamar a la policía para arrest