Gabriela dijo esto mientras se acercaba con firmeza a Mateo. Fue entonces cuando notó su palidez y el sudor que le perlaba la frente. Como madre, lo conocía bien, y aunque hacía poco habían discutido por problemas con Mariana, verlo así la llenó por completo de preocupación.
—Mateo, ¿qué te ha pasado? —le preguntó angustiada.
Instintivamente, tomó el brazo de su hijo y vio que su manga estaba manchada de sangre.
—¿Sangre? ¿Dónde te lastimaste? ¡Déjame ver! ¿Qué has hecho para acabar herido?
Mate