Anna
Dos días.
Es poco. Y sin embargo, todo ha cambiado.
El estruendo del hospital se ha callado. Las máquinas, los pasos precipitados, los latidos robados a la angustia —todo eso quedó atrás.
Me dejaron salir con consignas estrictas. Reposo. Nada de estrés. Pero ¿cómo se hace, cuando el amor mismo se convierte en un campo de batalla?
Louis me tomó de la mano. No pronunció grandes discursos. Ni promesas encendidas, ni juramentos sobre la eternidad.
Solo una llave.
Un llavero modesto. Un porta l