Anna
Miro una vez más ese teléfono apoyado en mis rodillas. La pantalla negra, pero sé que no tardará en vibrar de nuevo. Louis nunca abandona. No cuando quiere algo. No cuando se trata de mí.
Cierro los ojos un instante, con la garganta anudada. Su rostro se impone ante mí, su mirada fría, esa forma que tiene de poseerme por completo. Incluso ahora, incluso huyendo, aún me tiene… a través de este simple objeto.
— Anna… —susurra Clara, que comprende antes incluso de que yo hable.
Aprieto el telé