116. La otra condena
Lo primero que notó Emanuele cuando por fin llegó al juzgado fue el número de personas.
No se molestó en contarlas, pero un rápido vistazo entre los presentes le reveló que había al menos cincuenta. La mayoría vestía ropas imponentes, como trajes caros y batas de diseño. Todos se mostraban complacientes, serios y rígidos.
Joshua y la chica no tardaron en sentarse. Las manos de ella estaban frías y temblorosas, y Joshua entrelazó sus dedos con los de ella, haciendo lo posible por darle un apre