—Hola, guapa… —dijo un hombre ebrio y desagradable acercándose a la barra donde Morgan esperaba a Kyrie—. Oye… con todo respeto, eres hermosa…
Morgan se mantuvo en silencio, viendo al hombre con repulsión y buscando un escape.
—…¿Cómo te llamas? No seas mala… pásame tu número —insistió el borracho acercándose más a ella, pero esta se levantó del banco, alejándose—. No te asustes, no te haré nada… que tú no quieras, «suertudota».
—Tus dotes como seductor son impresionantes, pero no me convencen.