Narra Alondra Ferreyra
Esa noche, cuando abrí los ojos, lo hice en la recámara de mi güero, de mi hermoso David y él estaba acostado y durmiendo a mi lado, me levanté un poco, para quedar sentada a su lado y poder admirarlo. Se veía increíblemente guapo, iluminado por la luz de la calle, de fuera de la casa y entre más lo miraba, más me sentía afortunada, porque un hombre cómo él, se había fijado en una pobre diabla como yo.
–David, te amo – Le susurré al oído – Despierta, mi amor.
–No estoy do