Narra David De María
Estando con mi hermosa Alondra en casa, me sentía ya, más tranquilo, demasiado tranquilo, necesitaba que ella se relajara un poco y lo logré consintiéndola mucho. La bajé en mis brazos al comedor, para que comiéramos los tres juntos, mi madre me puso la pomada, tal como lo había dicho y a mí de nada me iba a servir, estar enojado con ella y además a mi hermosa Alondra, no le hacía nada bien estar presenciando a cada rato, más y más altercados entre mi madre y yo.
–Gracias p