—Prepárate —dijo ella de repente, liberándose de su abrazo.
—¿Prepararme para qué? —preguntó él, con cara de desconcierto.
—Le pediste a Rae un entrenador, y aquí está tu salvación —rio ella—. Prepárate.
—Ah, mi salvación —respondió él con una sonrisa irónica mientras se equipaba para la lección que ella iba a impartirle. Aurora ya estaba lista, esperándolo. Sage no se sentía cómodo con el atuendo de combate que Rae le había ayudado a ponerse. Le resultaba muy extraño, nada parecido a lo que es