Las risas eran ensordecedoras. Parecían burlarse de sus infructuosos intentos por vencer a su entrenadora. Se quedó sentado en el suelo, intentando recuperarse de lo que acababa de presenciar.
—¿Qué demonios acaba de pasar? —logró articular sus primeras palabras tras la derrota, mirando a Rae.
Con una sonrisa sombría, Rae le recordó cómo le había advertido que estuviera siempre alerta mientras ella lo entrenaba.
—No puedes decir que no te lo advertí.
—¡Pero no lo vi venir! —protestó él.
—¿Cuál