Preocupada por eso, trato de encontrar la manera de seguir tranquilizándolo, de darle la certeza a mi hombre de que todo estará bien ahora, pero él es más rápido cuando presta atención al paquete cerrado de choco pie, que terminé olvidándome de comer en medio de todo el ajetreo y el bullicio.
—No te comiste tu choco pie…
—Lo olvidé. —Respondo acariciando a mi hijito aún acostado en mi pecho. —¿Puedes abrírmelo?
—Come despacio. —Alerta mi madre mientras Ares abre con cuidado el paquete y rompe u