En respuesta, curvó la esquina de sus labios en una sonrisa de suficiencia. Ares Bailey, presumido, es mi perdición.
Sin embargo, sé que mi emoción va a tener que aguantar hasta más tarde, así que busco a May para despedirme de él, pero lo encuentro durmiendo en una de las sillas del comedor y desisto, porque se pone aún más malhumorado que yo cuando lo despiertan.
Por eso, esta vez salimos sin darle el beso de despedida de siempre, y anuncio seriamente en cuanto cerramos la puerta:
—Cuando vol