—Dios mío… quien la viera no pensaría que bebe así —escucho decir a Emily, lo que me hace reír un poco avergonzada.
—Quien la viera no se imagina ni la mitad de las cosas que hace esta chica —complementa Ares y yo escondo mi sonrisa maliciosa cuando me tapo la boca con la copa, bebiendo un poco más enseguida.
—Caras vemos, corazones no sabemos —comentó Emily, apoyándose elegantemente en el escritorio que pronto será suyo—. Y eso lo digo principalmente por ti, Bailey. No imaginé que la mayor con