—¿No te gustó? Puedo hablar con ella para que no te llame así. —sugiere, ahora luciendo preocupada.
—No… me gustó. Puede dejarlo.
Maya sonríe tontamente y dejo a nuestro hijo libre en la cama para que pueda decidir dónde acostarse. Sin embargo, cuando volví a acostarme al lado de Maya, May fue rápido en escoger mi cuerpo como almohada, y se acostó encima de la cabeza de la serpiente grabada en mi pecho.
—No lo creo… siempre se acuesta a un lado de mi cabeza. ¡No puedo creer que me haya cambiado