—No está tan caliente —reflexionó, colocándola de nuevo en la superficie de madera. Después abrió el cajón donde guarda mi crema hidratante y vertió un poco en su mano antes de masajear mi abdomen, cubriendo mi piel con una fina capa de loción.
—Te voy a poner a prueba ahora, ángel. Necesito que me digas lo que sientes, ¿de acuerdo?
Ares sonrió suavemente y volvió a tomar la misma vela, entonces se posicionó hasta dejar la vela flotando sobre mi cuerpo a una distancia razonable mientras su otra