Ares sonrió levemente, ladeado, me dio un beso en la frente, acarició la cabeza de May y él casi le dio una mordida por eso, como es habitual.
—Almuerzo primero, regalos después —avisó en un tono de orden que hace que mi lado mimado quiera pisotear e insistir.
—Ok —sin embargo, es todo lo que digo, y pongo a May en el suelo.
Ares acarició suavemente mi cabeza, una sutil y casi natural felicitación por mi obediencia resignada, y nos lavamos las manos antes de sentarnos a comer. Hoy, volvió a dar