Las finas cortinas están completamente abiertas, la calefacción está encendida y John y Nataly están sentados en dos de los elegantes sillones mientras Ares continúa sentado en la cama, ya sin su corbata, pero todavía con su saco del traje puesto y la camisa. Me senté a su lado en el amplio colchón y reinó el silencio por unos momentos, hasta que Ares mostró otra de sus sonrisas provocativas.
—¿No eran ustedes los que querían esto? —Preguntó, con su tono burlón. —¿Por qué están tan callados?
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