—Señor… —Me llamó, con una inocencia en su tono que encendió una chispa de excitación en mí—. ¿Puedo ser su gatita ahora?
Mi corazón estaba completamente abrumado por la vista justo frente a mí, y me tomó unos segundos reunir las palabras necesarias para decir:
—Gatea hasta mí.
Maya apretó sus labios llenos, tratando de ocultar una sonrisa de satisfacción antes de arrodillarse en el suelo. Luego apoyó las manos en el frío piso y se acercó a mí, con su cola balanceándose con cada movimiento de s