—¿Qué compraste? —Pregunté, ansiosa.
—Algo que me dijiste que querías. —Respondió, sin más explicaciones. —¿No recuerdas qué es?
Traté de obligar a mi mente a recordar algo que le pedí, hasta que lo recordé y finalmente abrí mucho los ojos, esperanzada.
—¿Orejas de gatito? ¿¡Y una cola!?
—Y un collar de colores con una campanita. —Completó, jugando con el anillo de mi gargantilla mientras mantenía una pequeña sonrisa. —Dos, en realidad. No pude escoger un solo color.
Dí un brinquito, sin dejar