Ares, sentado en uno de los sofás mientras Yeri se jactaba de sus patines nuevos, me miró y sonrió, pero yo sólo fruncí el ceño y continué abrazando a Corny, dejándome guiar hasta uno de los sofás, lejos de mi malvado dom, quien hizo una mueca confusa por ello.
En medio de la espaciosa sala con enormes ventanales que daban a la ciudad, en una alfombra entre los sofás blancos, estaban los otros dos niños, un bebé en un andador y otro niño que parecía tener casi la edad de Yeri, armando un rompec