—Mi sueño es verlos follar a ustedes dos. —dijo Nataly, pegando su mejilla a la mía nuevamente. —¿Cuándo va a suceder?
John puso los ojos en blanco y Bruno se rió, tirando a nuestra pervertida amiga por el cuello de su camisa lejos de mí.
—No nos molestamos con la audiencia. —Confesó Ares, de todos modos. —Cuando quieras mirar, siéntete libre de hacerlo.
—Qué traviesos son. —dijo John, perplejo.
Ares se río de nuevo, sin negarlo.
—Tengo que irme ahora, ángel. —Avisó, mirándome. —Voy a visitar a