Hubo un largo silencio, si ignoraban los sonidos y los gritos de Carlos y otra pequeña alma que acababa de conocer. Fijé mi mirada en Nicolás, observando su expresión al escuchar de nuevo la noticia de mi muerte. Sin embargo, su reacción era igual que la última vez. Guardó silencio por unos segundos, y luego esbozó una sonrisa serena:
—Señor López, ¿sigues tan interesado en mi esposa? Ni siquiera yo sé si está viva o muerta, ¿por qué entonces lo sabes? ¿Te lo dijo acaso en persona? O quizás, ¿us