Felicia salió de mi casa toda pálida. Parecía haberse vuelto loca por el fuerte shock que toda la situación le había causado, alternando entre risas y llantos.
Nicolás se sentó en el sofá y comenzó a limpiar meticulosamente las urnas de cenizas de Carlitos y de mí. Hace unos días, él fue a la funeraria a recoger nuestras cenizas. Como las urnas estaban cubiertas por mucho polvo, él las limpiaba con despacio con un pañuelo.
Y estos días, descubrí que Carlos ya podía liberarse del área limitada y