Esa noche pude regresar temprano al hotel, distinto a lo que había sucedido la última vez que presenté una prueba. Se sentía tan bien ganar. Bajé al Boca Canoa para cenar con Verónica y mientras comíamos las dos, y ella me contaba todo lo que había hecho ese día con sus nuevos amigos y amigas, me sorprendió ver a Héctor entrar al restaurante, y no solo eso, sino que se aproximó a nuestra mesa y lo hizo tan seguro y confiado en sí mismo, que por un momento temí que hubiera enloquecido o por