Nunca en mi vida me imaginé que alguien me pediría algo así y, creo, fue por eso que acepté. Estaba tan desconcertado por la petición, que, además, me hizo ella, que no pude negarme, no hallé las fuerzas, es más, me vi abocado a hacerlo, lo deseé y hasta me sentí orgulloso de que me lo hubiera pedido. Empeñé mi mejor esfuerzo en realizarlo y, a las cinco de la tarde en punto, estaba frente al jardín de infantes al que asistía Verónica, luego de bajarme del auto e indicarle al chófer que me ayud