Un par de golpes inseguros golpearon la puerta de madera de la habitación de Leia.
—¿Leia? — la voz de Kristel se hizo escuchar una vez que abrió.
—Aquí — Leia que estaba acostada en su cama descubrió su rostro.
—Leia, ¿qué haces acostada todavía? — preguntó Kristel al acercarse, y verla notoriamente desconcertada — En un momento sale el cortejo –
La cobriza que vestía una tibia pijama de dos piezas color pastel, se sentó, Leia sólo pudo bajar la mirada mientras sus manos se apretaban en la