Mundo de ficçãoIniciar sessãoCon las piernas cruzadas y con su dedo índice golpeado, despacio, una y otra vez sobre la reluciente mesa de cristal de esa sala de juntas, en el edificio de la empresa automotriz más importantes del país y una de las más importantes de ese lado del hemisferio, el sobrio pelinegro agotaba la paciencia que poseía.
—Esto ya es una burla — su voz profunda rompió la tensión que el grupo de hombres ahí reunido







