Catalina sostuvo la mirada de Valeria sin apartarla, como si aquella negativa acabara de confirmar algo que llevaba tiempo sospechando. No había sorpresa en su expresión. Tampoco molestia. Solo esa calma peligrosa de quien entiende que la resistencia es parte inevitable del proceso, no un obstáculo real.
—Siempre es así —dijo—. El que más pierde es el último en aceptar que ya lo ha perdido todo.
Valeria se levantó de golpe.
—No tienes derecho a pedirme esto —replicó—. No después de lo que ha