—¡Dios! Vamos a la oficina de Adal, no te preocupes, esto es importante, pero espera, voy a llamar que alguien te cargue es sus brazos para bajarte, no podemos permitir que recargues el pie bajando las escaleras.
Ah, gracias, ella es un pan de Dios, no sé, pero siento una esperanza. Mi madre encontrará esa cura, la ayuda de unos buenos médicos, sí, necesito que este más tiempo con nosotros.
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No estoy segura de que haya interrumpido la reunión que tenía por medio de videollamada. Solo entre a s