Perdio la cabeza

Gracias a Dios terminé mi turno de trabajo, ahora estoy entrando a casa para darme una ducha de espuma para luego alistarme e irme por mi hijo y de paso hablar con Adal referente con lo que pasó ayer.

Eh... Estoy nerviosa, porque no sé cómo decirle Adal que acepto todo, pero con la condición de que revivamos todo lo que vivimos ayer. Ja, ja, ja, me siento toda una quinceañera porque mi corazón ha vuelto a latir descontroladamente.

Adal, me tiene que prometer día a día la promesa de no dejarme
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